
He tenido que pasar por una reforma del piso donde vivo para cerrar el círculo de Babylon Magazine trece años después de imprimir su último número.
Desde 2013, año en el que mis ex-socios y amigos de la facultad de periodismo de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) pusimos el broche final a Mediarama Comunicación, la empresa editora de la revista internacional gratuita sobre la escena cultural española e hispánica en formato bilingüe (inglés/español), mi trastero ha albergado casi una tonelada de ejemplares en formato papel que quedaron en stock. La foto de la izquierda de la imagen que abre este post muestra las columnas con revistas apiladas.
Hasta ahora no había sido un problema, pero la falta de espacio para almacenar infinidad de bártulos que ya no caben en la nueva versión de nuestra casa “precipitaron” la decisión de qué hacer con estos miles de revistas sobrantes. Había dos opciones: o donarlas de forma gratuita para que tuviesen una última vida como material didáctico para aprender español -así se utilizaba la revista en centros del Instituto Cervantes de todo el mundo entre 2008 y 2013, el periodo en el que se distribuyó la publicación bimestral- o que una empresa de reciclaje de papel se hiciese cargo. Al final, ha habido una cosa y la otra.
Un correo electrónico enviado al Instituto Cervantes antes del verano fue el detonante para hacer lo propio en septiembre con escuelas de español con sede en Madrid, ciudad en la que resido. Todas respondieron que sí, y de forma muy agradecida, a la propuesta de donación gratuita de revistas.
Haciendo una revisión de lo publicado, pude comprobar que el paso del tiempo no ha sido un problema porque muchos contenidos de Babylon Magazine son atemporales y han envejecido bien, igual que el papel en tiempos del smartphone.
¿A quién no le va llamar la atención la entrevista que hicimos en 2009 a Osel Hita Torres, “el lama español”? El granadino, considerado desde los dos años como la reencarnación viva del lama Thubten Yeshe -el principal impulsor del budismo tibetano en occidente- vivió en el Monasterio de Sera (la India) desde los seis años hasta los 18, edad a la que decidió despojarse de su vida espiritual y privilegios como uno de los referentes del budismo para experimentar la vida fuera del templo.
Cuando contactamos con Osel, residía en el colegio mayor San Juan Evangelista, El Johnny, donde viví como estudiante universitario en Madrid durante dos años. Respondió a nuestra petición y recuerdo perfectamente sus palabras: “Os voy a ayudar”. Fuimos los primeros en entrevistarle después de “salirse del budismo”, y nuestra entrevista desencadenó otra en El Mundo, en la revista Time… Se armó un buen revuelo y cobramos cierta notoriedad, más si cabe cuando nuestra presencia en internet era irrisoria por nuestra apuesta por el papel y la falta de recursos y visión para desarrollar una presencia digital potente. La entrevista con Osel fue nuestro gran hito periodístico, tanto es así que hasta aparecemos en su página biografía de Wikipedia.

¿Cómo iba a pasar desapercibida la portada sobre el debate acerca de la supervivencia o final de los toros, cuyo título rezaba ‘Arena: must the show go on? En 2010 entrevistamos a tres taurinos (al dramaturgo Albert Boadella; a Jairo Miguel, el torero más joven de la historia; y a la cuadrilla de Las Ventas) y a tres anti-taurinos (la doctora Núria Querol; el filósofo Jesús Mosterín; y a Francisco Días Pineda, uno de los primeros catedráticos de Ecología en España) para poner sobre el papel los argumentos de unos y de otros. Un japonés, un americano o un sueco que lean hoy este artículo entenderán algo mejor la controversia y pasión que siguen generando las corridas de toros.
Estos son solo dos de los ejemplos de historias que he contado a los receptores de las revistas estos días de agitación social en las calles madrileñas cuando he ido a entregar los ejemplares acordados. Y es que en los 22 números que ahora podrán volver a ojear los nuevos lectores hay muchas otras joyas.
Menciono algunas de las más destacadas. Una entrevista de 2008 al chef Ferran Adriá cuando todavía trabajaba en el Bulli y otra en 2012 al chef peruano Gastón Acurio; la historia de Lucio Urtubia, el anarquista español que estafó al banco más poderoso del planeta falsificando cheques bancarios y a quien visitamos en París en 2011; un reportaje sobre los personajes secundarios del Quijote seleccionados y comentados por Soledad Puértolas, escritora y miembro de la Real Academia de la Lengua Española (RAE); un especial, ‘Crisispedia’, sobre la crisis financiera global que estalló en 2008; o una entrevista a Leopoldo María Panero, “el poeta maldito”, a quien fuimos a ver a Las Palmas para pasear y charlar con él fuera del psiquiátrico en el que estaba internado desde hacía más de diez años.
El último baile
A veces, la vida te empuja y te concede el tiempo que necesitas para cosas que siempre se te han hecho bola, pero que sabías que tarde o temprano iban a llegar. Y una de ellas era gestionar el stock de miles de ejemplares de Babylon Magazine que llevaban cogiendo polvo en mi trastero desde hacía más de una década.
En conversaciones pasadas y presentes con mis ex-socios Diego Pontones, David Pérez, Alberto Sánchez y Alain Verdial, así como con Carlos Aranda, ilustrador y diseñador que formó parte del equipo desde el inicio de la revista hasta su final, siempre hemos comentado que la revista podía tener un último uso final más allá de quitárnosla de en medio llevando miles de kilos de papel a una empresa especializada en el reciclaje por cuatro duros (o por nada). Y así ha sido, por una cuestión de convicción y por saldar una cuenta pendiente a camino entre lo personal y un último acto de generosidad por difundir lo mejor de la cultura española e hispanoamericana como herramienta para aprender la lengua castellana.
Así que con un buen deadline delante, he pasado unas cuantas horas haciendo cientos de packs de revistas y, otras tanto, yendo metro arriba, metro abajo (y maletas mediante) para donar revistas a la sede central del Instituto Cervantes; a 12 escuelas de enseñanza de español con oficina en Madrid; así como al Centro para la enseñanza del español de la Universidad Complutense de Madrid y a las bibliotecas de facultad de Filología y de Ciencias de la Información de la UCM.
Una de las cosas más bonitas de este proceso altruista y sanador ha sido compartir con mis hijas de cuatro años un rato mientras me ayudaban a hacer packs y escalaban por las columnas de revistas. Mientras, las explicaba con orgullo y nostalgia el trabajo que hizo su padre hace unos años.
Otra de las sensaciones más gratificantes de estos días ha sido percibir cómo Babylon Magazine sigue viva, que las personas con las que he tratado y han recibido en mano los ejemplares han apreciado no solo la calidad de la edición, sino que han mostrado curiosidad por las historias publicadas. Aunque vivimos los tiempos de la inteligencia artificial y la sobre-información a través de las pantallas, he notado cómo la artesanía humana en el diseño editorial y el trabajo periodístico e informativo bien trabajado, siguen teniendo mucho tirón.
Ahora queda la última fase, que no es otra que la publicación llegue en mano o a través de los profesores a los estudiantes extranjeros que están aprendiendo la lengua de Cervantes. Para que la revista sea una herramienta didáctica de cara a aprender o mejorar su español al tener en cada página la columnas de texto en inglés (a la izquierda) y en castellano (a la derecha) y contar con un diseño muy trabajado y un tratamiento fotográfico muy cuidado.
Este jueves he quedado con una empresa que se encarga de reciclar papel para que se lleve las revistas sobrantes después de este last dance (último baile, en su traducción al castellano) de Babylon Magazine. Me dicen que pagan entre 50 y 70 euros la tonelada de papel, y yo he calculado que no llegará a media tonelada. Así están las cosas; como para no haber hecho este último acto de fe.
Ahora sí, Babylon Magazine se despide en soporte papel para siempre. Pero nuestros cadáveres exquisitos se pueden seguir leyendo online haciendo clic en este enlace. ¡Ha sido un placer!







